25 de enero de 2012

Negro ¿otra vez?

 Vestido cocktail de Balenciaga

El legado más importante que el negro ha dejado a la moda es el lbd (little black dress), dicho con mucho más encanto, la petite robe noir que pudiera parecer una heroína de cuento infantil y que fue inventada por una francesa ilustre: Coco Chanel. Gabrielle Chanel, la niña de orfanato que vistió a las hijas de Edipo para Cocteau, la quintaesencia de la pobreza del lujo (o del lujo pobre), materializó con su aguja de provincias una de los más celebrados seísmos en el universo moda: la irrupción del negro.


Fue en 1926, en el número de octubre de la biblia de estilo americano, Vogue, donde se anunció con solemnidad de obituario que el color andaba moribundo y que el negro de los sencillos y austeros vestidos de Chanel para la nueva mujer, suponía una revolución similar a la irrupción del primer automóvil Ford. La democratización del estilo. El color del luto pasaba a constituirse en un complemento. Lleno de ventajas para las clientas y eso significaba rentabilidad para la incipiente industria. En palabras de la propia Chanel «las mujeres piensan en todos los colores, pero no en los llamados acromáticos. El negro combina con todo, como el blanco. Ambos son de una belleza pura, perfectos y armoniosos. Las mujeres que van a un baile vestidas de blanco o de negro, son siempre aquellas que más llaman la aten- ción por su hermosura». Sus vestidos de lana negra para el día, y negros también, pero en crepe de seda, terciopelo o satén para la noche, fueron éxitos de venta. El primer must de la historia de la moda. Había nacido un imprescindible para los armarios que perdura hasta hoy. 


Para Christian Dior el negro se podía llevar a cualquier edad y en cualquier ocasión, un toque de negro era esencial para cualquier mujer. Se cuenta la anécdota que una de sus clientas escogió que se le presentase toda la colección de trajes sastres negros de Monsieur Dior. Los contempló, soltó unas lagrimitas, y dudó en su elección… Al final exclamó: El luto es siempre tan común en los entierros… ¿Incongruencia? ¿Masoquismo? Es la cruda realidad, huimos de él pero siempre acabamos atrapadas en su telaraña cromática.


La industria de la moda, desde hace años intenta, sin éxito, liberarse de este color. Son los profesionales de los medios los que adaptan las prendas de los diseñadores dotándolas de sentido para esa pasarela fascinante que es la calle. A su vez la calle, fagocita las colecciones e incluso las inspira. Los diseñadores cuentan ya con oteadores de estilos, una especie de directores de arte que los llevan a ver la última exposición del penúltimo artista plástico japonés y luego a comer a un minúsculo bistrot que abrió ayer o simplemente los sitúan sobre los pasos de algún gadget de moda observado sobre el asfalto. Ya no es necesario los viajes de ultramar para impregnarse de un ambiente, pues en cada ciudad, a la vuelta de cada esquina, la magia surge. Y el negro está en plena forma en nuestras calles, inquieto, juguetón, más irreverente que nunca, el no color triunfa de nuevo. Por ello, no es casualidad que a la hora de acudir a los shows de Milán, Londres, New York o Paris, la fauna de la moda (un ejemplo palpable es Emmanuelle Alt y sus voguettes) usa el black. La relectura del estilo rock de los ochenta ha propiciado esta vuelta atrás. 

No hay duda, el negro es el más moderno de los clásicos, y en esta eterna vuelta a décadas pasadas que es la moda, una perfecto si no es negra, no es. ¿O alguien se imagina a los Ramones vistiendo chupas amarillas?

2 comentarios:

Sony-lu dijo...

Pues celebro este regreso, siento predilección por el negro.
Me gusta mucho tu blog.

Miss Maldon dijo...

Gracias Sony-lu, el negro siempre estará ahí para salvar un día de indecisión.
Saludos!